Noche de gatos atropellados
Anoche conté hasta tres gatos atropellados. ¿Y que hacía por esos mundos un lunes por la noche? Volvía del cine, buena película Tropic Thunder, gran picada en el Lizarrán de Ocimax y grata compañía. Y todo por quince euros de nada, oiga. Además hoy entraba a trabajar una hora más tarde, así que no he perdido ni un minuto de sueño. Bien. Hora que tendré que recuperar.
Porque esta semana aún me la puedo tomar con cierta calma. Cierta, que si ya estoy pensando en darme un salto el sábado a echar un par de horas y adelantar algo de trabajo no sé si hablar de demasiada calma. Que la crisis se nos llevará a todos por delante, pero eso será el día en que pueda estar tranquilo.
¿Y anoche salió la luna llena? ¿Cómo es que le dió a los gatos por cruzar la carretera sin mirar?
Guau, guau
Eso, que ando perro. Al menos en lo que se refiere al chiringuito. En el curro estoy en campaña, que el día 20 hay que tener listos los impuestos y a partir de la semana que viene tocará correr. Porque mañana, viernes, como que no.
Mañana también es el cumpleaños de Núria, mi sobrina. Un añito cumple la jodía y no os voy a decir lo que me he dejado en su regalo, un cocodrilo de peluche de 120 cm de altura. Pero es dinero bien empleado.
A ver si al menos empiezo a subir fotos, que esto está muy tristón.
El Putatriat y las mujeres (XI): Sixteen and…
La verdad, sonaba más a sixty, aunque la chica se esfuerza y además tiene algo más allá de una preciosa melena azabache negra que hace que se lo pueda perdonar semana tras semana. Me despierta mucha curiosidad la criaturica. Pero tampoco estaba dispuesto a soltarle diez mil pelas de las antes así como así, menos por cuatro yogures, cuatro bricks de leche, un bote de Nescafé y un frasco de masaje, casi una gilicompra en toda regla. Es que las cajeras del SYP siempre me atienden en inglés. Al menos de mayo a octubre.
Que si porque no hablo, que si porque soy alto, que si llevan ya demasiada clientela extranjera y no se fijan… Según el día, me da por seguirles el rollo, que vocalizar mal es muy útil para sonar a guiri, hasta que les enseñó el DNI junto a la tarjeta de crédito y se quedan algo descolocadas. Otros días les digo que no soy extranjero en un tono más o menos paternal. Y otros, como hoy, me da por resoplar y quejarme. Pero no demasiado. No, nada. Cuando hago la compra sé que ya sólo me queda volver a casa, así que mi humor no suele ser demasiado malo.
Ah, la cajera que me atendió ya tiene pareja y no soy yo, maldita sea, pero si eres habitual de este chiringuito, habrás intuido que hay muchas mujeres que me atraen, pero que ahí se queda la cosa. Algo que me parece normal y que a veces creo que soy el único que piensa así. Que a estas horas mi principal preocupación es decidirme a poner una lavadora con ropa de manga larga, que mañana llegaré al piso a las tantas y ya va haciendo algo de rasca.
Hace un tiempo, ya sabría quien sería el primero en comentar esta entrada ![]()
En proceso de adaptación
Cambios, cambios, cambios… Nunca me han hecho demasiada gracia, pero se me cruzan por delante cada dos por tres desde hace una temporada. Y si no lo hacen, ya me encargo yo de salir a buscarlos por ahí.
El primero, el trabajo. Se me hace raro estar solo. Hubo un tiempo en que éramos tropecientos en la oficina (Manu, pásate por aquí) y aunque últimamente la cosa no estaba para tirar cohetes, de ahí a estar solo hay algunas diferencias. De todos modos el tiempo me pasa rápido, M80 me hace buena compañía y a las once meriendo, a la una me voy a nadar, a las dos y media como y a las cinco me voy a Electral.
Creo que en realidad mi nuevo trabajo es una farsa y estoy en una especie de Gran Hermano. Sólo así se explica que siempre que voy al baño suena el teléfono o viene alguien. Porque claro, lo que no es normal es que antes hayan pasado dos o tres horas de calma total y absoluta. Por lo que pueda ser, tendré que pedirle al jefe un teléfono inalámbrico. Por mi parte, ya me he hecho un cartelito indicando que he salido cinco minutos. Que lo siento mucho por los clientes, pero le tengo mucho cariño a mi regularidad intestinal.
El segundo, el Aygo. Le tengo que pillar el punto a la conducción. Tiene el desarrollo de las marchas más largo que el Polo y me desconcierta bastante ir a 50 km/h en segunda, cuando en el Polo a 60 ya iba tranquilamente en cuarta. Las suspensiones también son algo duras, pero ya estaba acostumbrado. Por lo demás, el pequeñín me encanta. El motor tira más que el Polo, se me cae la baba viendo la línea que tiene y en cuatro metros lo tengo aparcado. Hoy he aparcado frente al trabajo, zona cuando menos jodida para encontrar aparcamiento, me he ido a la una y a las dos y media seguía ahí el hueco. A ver quien es el guapo que se mete ahí. Yo
Aunque luego también me pasan cosas como no poder meter lo que me ha regalado mi banco en el maletero. Hubiera preferido que le hubieran pegado fuego a mi hipoteca, pero bueno, menos da una piedra.
Por cierto, poned gasolina pronto, que ha vuelto a subir el petroleo. Y ya sabéis que a la hora de subir los precios las petroleras son muy diligentes. Hay que decirlo más.
Fumar acorta la vida
Era la cabecera de la sección Lo que mata es la humedad de Gomaespuma. Pensaba que era cosa de algún cantante pirao de los que sacaban de vez en cuando, pero no. Hay otro vídeo más largo, en el que se ve como al tío le van sacando las cajetillas de tabaco en un programa de una tele alemana y le dicen que tiene que componer una canción con los mensajes y cantarla imitando a Ricky Martin. Se pone, lo hace y sale esta obra de arte.
Que grande Stefan Raab. Dedicado a los incondicionales de ese asqueroso vicio.
Toyota Aygo Blue
Podría haber esperado un poco más, hasta marzo, cuando le tocaba pasar la ITV al Polo, para cambiar de coche, pero a mediados del mes pasado me puse a ello. Ya tenía decidido que coche comprar, así que la cosa fue tan rápida como ir, pedir precio, tasar el Polo, pedir la financiación y en cuanto la Toyota Kreditbank GMbH me consideró solvente, probar el coche, comprobar que quepo dentro (Otra cosa es el que se siente detrás mía) y en dos semanas lo tenía aquí, en una estaba matriculado y desde el jueves me paseo con un coche nuevo. Un flamante Toyota Aygo Blue. Con su color gris antracita metalizado, su aire acondicionado, su ABS, su radio CD con toma para mp3, sus cuatro airbags y su Parrot, que ha hecho muy buenas migas con el 6151.
Y creo que he hecho una buena jugada. Resulta que había una oferta que se me hacía muy interesante, ya que aunque podría haber pagado el coche al contado (Nunca me alegraré lo suficiente de poder ahorrar), hice números y me resulta mucho más rentable dar la entrada, financiar el resto y dedicar ese dinero que financio a acortar la vida de mi hipoteca. Que sesenta euros al mes durante siete años no suponen mayor molestia, comparado a la idea de acabar de pagar la hipoteca antes de jubilarme y ahorrarme aproximadamente el mismo importe que adelante en intereses.
Además está exento del impuesto de matriculación, el seguro a todo riesgo me sale por 359 euros, con una franquicia de 90 en robo, incendio y lunas, y el primer medio año se me queda la cuota en 60, descontando el seguro del Polo. De IVTM creo que también paga una miseria y atención, el consumo en ciclo combinado es de 4,6 litros a los 100 kilómetros. El maletero es mini, pero es que normalmente no llevo demasiados trastos y si fuera necesario, tumbo los asientos de atrás y gano algo de espacio. Ya el viernes hice un aparcamiento de los imposibles, en cuatro o cuatro metros y medio. Una pasada. Resumiendo, no gasta y ocupa poco. Se ajusta a mi filosofía vital a las mil maravillas.
De momento no os puedo contar mucho sobre las sensaciones que me produce conducirlo. Conducir no es algo a lo que le de mucha importancia. No me pone palote. De todos modos, no se van mucho más allá de las que me producía el Polo. Si acaso, que encuentro las marchas algo durillas.
Si pinchas en la imagen, irás al álbum de fotos del Aygo en mi cuenta de Flickr.




