Mi primer coche
Allá por finales del verano del noventa y seis, cumplidas mis obligaciones con la patria, empecé a trabajar. También empecé a tener ingresos con cierta regularidad, tanto en el tiempo como en el importe de la nómina, regulera, regulera. Setenta y cinco mil pesetas, cuatrocientos cincuenta euros.
Así las cosas me tenía que comprar un coche. En noviembre fui a la Ford de Inca, que había visto que tenían miles y miles de coches de segunda mano y elegí un Ford Fiesta. Ese que veis por ahí abajo. Me costó 650.000 pesetas de entonces, unos 3.900 euros. Gasolina, 1.100 cc, cincuenta y pocos caballos, elevalunas manual… Típico coche para un novato. Pedí un préstamo a un año y medio, con lo que me fundia sólo en el coche 45.000 pesetas de mis 75.000 de sueldo. Según va pasando el tiempo y lo pienso, ni me explico como el banco me dió el préstamo ni como yo lo pedí. Sé como pude pagarlo. Gastando poco.
Salvo una vez que abrí la puerta sin mirar y en ese momento pasó otro coche, no me dio muchos problemas. Antes había sido de alquiler y ya llevaba bastante trote encima. Pero
sabía que lo cambiaría en un par de años. Este era para arañarlo, golpearlo y hacerle todas las perrerías que se me ocurrieran. Que el Fiesta tampoco se quedaba corto. La llave tenía un diseño que la hacía propensa al desgaste, y durante una temporada me acojonaba cada vez que tenía que repostar, porque me costaba Diox y ayuda abrir la tapa del depósito.
Empezó a tener achaques y a pesar de la gran amistad que surgió con la mujer del mecánico, tanta que hasta un día acompañé a su hijo de once o doce años a las pistas de tenis porque me venía de camino, llegó la hora de cambiarlo. Para rematar, el óxido comenzó a comerse la chapa, así que un día vi un Polo y no me lo pensé demasiado. Marzo del 2000. Pero eso ya os lo contaré otro día.
Justamente mi hermana había declarado siniestro total su primer Micra, así que ella se quedó con el Fiesta y lo dió de entrada cuando se compró el segundo Micra.







