Archivados en ‘El Putatriat’


Hoy era el día

Ca’n Picafort está justo en el centro de la bahía de Alcúdia, por lo que normalmente en la playa no suelen faltar ni brisa ni olas. A veces más que brisa y más que olas. Pero eso no quita que esté en la gloria tirado en una tumbona, bajo una sombrilla, que por la tarde no te cobran, en una playa de arena del grosor exacto, agua limpia, sol hasta pasadas las ocho de la tarde y mezcla de turistas y gente de aquí.

Todos los años hay un día en que el agua está como una balsa de aceite, hace calor, que estamos en agosto, pero no agobia, y la brisa se lo toma con calma. Ese día era hoy. Al salir de la oficina Estefi ya me había enseñado un vídeo que había grabado en la playa de Manresa y efectivamente, ya sabía que hoy era el día. Y ahí estaba, leyendo Evolución, que me está sorprendiendo gratamente (Tras lo frío que me dejaron Tokio Blues y Por qué somos como somos, y lo enganchadísimo que he estado a El Poder del Perro) y escuchando música.

Esta semana ya hay liga, a la que nos descuidemos llegará la fira de Alcúdia y hala, se acabó el verano.

Por cierto, si me sigues en Twitter, sabrás que he tenido un Ipad en mis manos durante unos días, y si bien estoy encantado con el Nano, debo decir que salvo por el Plantas vs Zombies, poco utilidad le veo al trasto. Leí que iban a sacar una versión de 7 pulgadas, que tal vez pueda ser más interesante.

Dos de agosto

Ya hace nueve años que ese día suelo andar en las fiestas de La Patrona, en Pollença. Y cada año me gustan más.

Si encima ando inspirado, más bien suelto, con la cámara, pues mejor aún. Pincha en la imagen para ver el álbum completo en Flickr.

Ahora a esperar al día quince, Mare de Dèu dels Patos. Aunque cae en domingo. Nchts.

Los moros antes de salir al encuentro de los cristianos

Cosas por hacer

Ya estamos casi acariciando agosto con la yema de los dedos y se nos acumula el trabajo. Porque aún tenemos que ir un par de veces más al Molino, que luego bien que lo echamos de menos en invierno, hay que ir a Ca’n Gavella a comer paella, que el día menos pensado tiran abajo Capellans. Eso si, no te preocupes, que los hoteles en primera línea de costa no los van a tocar. Y también hay que ir donde el cuñado de Manu, allá donde Cristo perdió el gorro. No me olvido de El Patio. Como nos despistemos y se acabe la temporada… la habremos liado. Vamos mal. Que el sábado que viene estamos por Pollença y el primero de septiembre de acampada.

Por lo demás. Mañana fiesta en Alcúdia, aunque me han enganchado para ir a trabajar por la mañana unas horas, así que no se las ganas que tendré. El lunes 2 habrá que dejarse caer por Pollença y el 15 están los patos y los fuegos. Me tengo que dejar caer también por la playa de S’Illot.

Y el propósito de siempre, escribir más por aquí. Aunque no puedo prometer nada. Supongo que en la medida en que me mueva un poco más y haya cosas que contar esto tendrá vidilla. Pero desde el momento en que no me agobio por no escribir y que me pregunto cómo no descubrí antes Twitter

Ya veremos.

Ah, en la San Remo vuelven a tener helado de requesón con higos :D

Let there be rock

El año pasado me enteré que una gente que conozco se había ido al concierto que dio AC/DC en Montjuïc. Me enteré tarde, cuando ya habían estado saludando al tito Angus. Este año me llegó el chivatazo a tiempo y me acoplé. La cita en Sevilla, el 26 de junio de 2010, penúltimo concierto de la gira Black Ice.

Empecé mal. Me despisté a la hora de encargar los billetes y no encontré sitio en el vuelo en el que iban el resto de compañeros. Vuelo en el que el capitán saludó a los que iban a ver a los AC/DC y hasta puso una canción, creo que Higway to hell, pero no recuerdo cual me dijeron. Además bajaron el precio de los billetes, y si los hubiera comprado dos semanas después, me habría ahorrado cien euros. Tela. En fin, que llegué con otro rezagado a eso de las seis de la tarde a la recepción del albergue y me encuentro con que voy a tener que beber mucha cerveza para llegar al nivel etílico de los que ya estaban allí. Cayeron un par, aunque ya sabía que no les cojería ni de coña.

Y al grito de Venga, que no arribam!, que se repetiría durante las casi dos horas y media que tardamos en llegar, salimos rumbo a la Cartuja. A unos cinco o seis kilómetros del albergue. Ni rastro de autobuses ni de taxis. Unas colas tremendas en la carretera que va paralela al Guadalquivir y ni un triste cartel, así que nos cascamos a pata todo el trayecto, para encontrarnos con una aglomeración tremenda en la entrada a pista. Suerte que uno está curtido tras muchos años de ir a La Patrona. Nos tiramos un buen rato de pie apelotonados y la cara de uno de los guardias de seguridad era un poema. Blanquito como la cal de una pared. Fuimos llegando por separado. Si, había bares en el camino, y no se podía desperdiciar la oportunidad de ir conociéndolos todos.

Conseguimos entrar al estadio y alli están los típicos puestos de perritos calientes (A 4,5 € cada uno), unos cuantos vendedores de cerveza móviles con el barril a la espalda y una gran barra con más surtidores que gente sirviendo. Y no te creas que les cundía mucho. Iba sin cenar y no las tenía todas conmigo, así que en vez de cerveza pedí una Pesi, que diría Torres, pero nada, se han acabado. Antes de que empiecen a tocar los AC/DC. Medio litro de cerveza por 10 €. Y al lío.

Si, hasta entonces mucho andar, algún aprieto, precios sangrantes, poco calor (Quizás necesitaría unos días para aclimatarme) pero fue empezar una animación en la pantalla gigante, empezar a sonar Rock n’Roll Train y…

Indescriptible.

(Aquí tienes la lista de canciones que tocaron y también puedes escucharlas)

Parece mentira como esta tropa de cincuentones son capaces de tirarse dos horas dejándose el alma, a pesar de que los técnicos no consiguieron que hasta la tercera canción el sonido fuera medio decente. Según he leído por ahí, la acústica del estadio de la Cartuja no es ninguna maravilla (Que se preparen los U2, que tocan allí en septiembre). Y era sonar Back in Black y fliparlo. Y Dirty Deeds done Dirt Cheap y fliparlo. Y The Jack y fliparlo. Y You shock me all Night Long y fliparlo. Y marcarse un solo estratosférico el tito Angus en Let there be Rock y sentir un escalofrío cuando me pongo a recapitular y oiga, que aún no han sonado Highway to Hell ni For those about to Rock.

Que fueron los bises, claro. Apoteósico el tronar de los seis cañones que había en el escenario. Brutal. Se veía mucha camiseta negra, muchas mujeres, hasta críos, y la gran mayoría, gente de lo más normal. Ningún problema en la pista, un ambientazo genial.

La vuelta, como no, a pie. No las tenía todas conmigo, es más, iba acojonadito vivo, pero mis rodillas no se resintieron en absoluto y apenas noté los gemelos algo cargados el domingo. Eso sí, aún me pitan los oídos.

Llegamos al albergue y no sé a que hora llegaron las dos eslovacas, como ponía en sus maletas, o americanas, como le dijeron a mi compañero, no sé, no me cuadraba el acento de las dos pavas, con las que compartíamos habitación el rezagado, yo, y dos tipos de Ciudad Real. Uno de ellos fue al baño, picó a la puerta y le salió una de las rubias en ropa interior. Imagínate el cachondeo. Yo me estaba reconciliando con la postura de hombre precipitado desde un quinto piso, cortesía de una almohada blanda y apenas me enteré de nada. Al Ipod le dió por reproducir aleatoriamente canciones de Los Rodríguez.

Como suele ocurrir en estos casos, dormí más de lo que creo que dormí. A la mañana siguiente ducha, desayuno, vuelta en autobús por la ciudad, que me pareció que estaba muy dejada y a comer algo a un Lizarrán.

Por lo que pudiera ser, a las tres ya estábamos en el aeropuerto, no se nos fuera a escapar el vuelo. Que salía a las siete menos veinte. Tiempo aprovechado en hacer un par de compras allí mismo, comer un bocata y escuchar por la radio el Alemania-Inglaterra.

En resumen, una gran experiencia. Brian Johnson dijo que quizás esta fuera su última gira, ya que con 63 años no está para muchos trotes, así que había que aprovechar la oportunidad. Si hubiera otra el año que viene y encuentro a gente a la que acoplarme, no descarto volver.

Aunque ahora mismo a quien tengo unas ganas terribles de ver es a Norah Jones. Que acabo de descubrir que la semana que viene anda por España. Ay.

Ya soy un hombre actualizado (II)

Algo ha cambiado para bien este país nuestro llamado España. Asombrado me hallo. Perplejo. Resulta que hace cosa de unas tres semanas cumplí la permancia con mi operador de ADSL, el que en tiempos era alemán (y rosa) y ahora francés (Y naranja, aunque dicen que lo quieren liquidar para promocionar al otro operador naranja, que también es francés) y decidí ahorrarme unos eurillos cambiando al operador azul. Llamo, me ofrecen ADSL durante un año a 19,90 € y router gratis. Uno más, con este tengo cinco. Recalco lo de gratis, porque he leído por ahí que ahora los están dando en alquiler, sin cobrarlo, pero reservándose la opción de hacerlo un día de estos. Intenté que no me lo enviaran, porque tengo un Linksys en propiedad (Si, tenía tres y me compré otro, ¿Que pasa?) que es el que uso, pero lo mandan quieras o no. Si alguien lo quiere que me lo pida.

Al poco me llama mi antiguo operador para intentar que siga con él. Me ofrece un descuento del 33%, pero no es suficiente; a pesar de haberme dado un servicio más que correcto, dentro del triste panorama del ADSL caro y lento que nos toca vivir. Así que nada, adiós y ojalá volvamos a vernos. Tocaba esperar a que un día me quedase sin conexión y entonces supongo que estaría un par de días sin internet y luego volvería todo a la normalidad como por arte de magia.

Pues no. Pasa una semana, pasa otra, pasa la tercera, que fue la pasada y ayer lunes llamé para ver que pasaba, porque seguía teniendo acceso a internet con mi antiguo operador. Por donde el operador azul me atiende una señorita que me dice que ya tengo acceso con ellos, que conecte el router y comprobaré que es así. La oigo muy convencida, así que habrá que probar, no sin antes llamar al antiguo operador, que me cuenta que desde el 11 de junio está tramitada la baja técnica y que si tengo internet pues que lo disfrute, que no tienen intención de cobrármelo.

Y acabo de averiguar los datos de configuración del acceso (Usuario y contraseña), los he cambiado en el router y no ha hecho falta ni reiniciar. Ya estoy navegando con el operador azul que se gastó una millonada en el churro ese que tienen por logo.

Aunque no todo funciona de forma tan fluida. El operador rojo me ha pegado una puñalada de 13 € como tarifa de internet de nosequé que no he contratado y casi llego a las manos con la operadora con la que me ha tocado bregar esta mañana. Dentro de cuatro meses la patada en el culo que les daré será sonora. Nunca más, nunca más, nunca más.

Haciendo tiempo

Aquí me tienes, sentado frente al ordenador, escribiendo desde un liveCD de Ubuntu, Hoary Hedgehog, de abril de 2005, haciendo tiempo hasta las dos. Porque desde esta mañana, a eso de las ocho de la mañana, el XP que tiene instalado el equipo y con el que trabajo todos los días no tiene a bien funcionar.

Se carga el logo, se menea la barra de izquierda a derecha y se reinicia. Una vez. Y otra. Y otra. Y tal. Ya le insinué antes al jefe, que por cierto hoy anda por Ciutat, que la máquina no iba fina y que no deja de ser un Pentium III con muchos años encima. Yo lo he tratado bien, pero vaya usted a saber las perrerías que le pudieron hacer antes.

Así que no se me ha ocurrido otra cosa que probar con una Knoppix a ver que pasaba y lo que pasa es que el fallo debe ser cosa del Windows. O del disco duro. El informático dice que tendrán que llevarse el ordenador para hacer las pertinentes comprobaciones y aplicar finalmente la solución habitual. Formateo y reinstalación. Juás.

Además apenas tengo trabajo que no precise del ordenador. Será cuestión de ver lo que tardan en devolver el equipo, que por cierto aún no se lo han llevado y la verdad, no creo que vengan hoy. Tampoco quiero pedirle al jefe que me de vacaciones hasta que esté arreglado, que la Aemet dice que el lunes y el martes tenemos un 65% de posibilidades de lluvia por aquí, y el cuerpo me pide playa. Mañana dejaré lista una de las dos declaraciones de renta que me quedan por hacer, así que tampoco aprovecharía mucho el tiempo.

Casi las doce. Ya queda menos.

Suena bien Diana Krall en el 5800.

Libros para este verano

El verano es el momento y la playa es el lugar. Si la lectura acompaña, pocos placeres como leer bajo una sombrilla, mientras suena música tranquila y corre algo de brisa.

Esto es lo que debería leerme este verano. Quizás en un futuro, cuando los ebooks no sean tan caros, me pase al formato digital. De momento, como que no.

Libros que quiero leer este verano

Abajo el trabajo

Primero de mayo. Empieza la temporada turística, abre El Molino, hay que cambiar el lado de la calle donde se aparca y se celebra el día internacional del trabajo.

Para celebrar tantos eventos nos hemos juntado unos cuantos del trabajo (El de la tarde) y hemos dado cuenta de una paella cocinada por Jaume. Espectacular. Rozando la que hace mi madre y la que hago yo.

Por allí he visto esta pintada.

Pintada que dice abajo el trabajo