Desubicado
Aterrizando. Tengo trabajo, más del que me esperaba, en mi nueva oficina. Pocas veces me ha temblado el pulso ante los retos y cuando así ha sido, me he arrepentido amargamente, así que no iba dejar pasar la ocasión. Bueno, eso ya os lo conté en su momento.
Me veo raro, descolocado. Escribí por aquí que llevaba muchos meses, tanto como siete u ocho, echando horas en el que hoy es mi nuevo trabajo, así que supongo que las sensaciones podrían ser mucho más agudas. Porque la verdad, a parte de despertarme a las seis de la mañana, y sospecho que más debido a dormir con la ventana abierta y darme algo de frío, ni nervios, ni emoción, ni nada de nada. A ratos creo que tengo alguna clavija por ajustar.
Después empiezo a situarme. Voy a la otra oficina, porque no me he ido del todo, que a veces parece que por más que lo diga nadie se da por enterado, y ya me siento más cómodo. Luego vuelvo a donde casi estoy como en casa, sino mejor. En una tumbona, en las dunas, dormitando mientras suenan los éxitos de los 70, los 80 y los 90. Y septiembre que espere.



