No me extraña la crisis. Entre nuestra ignorancia económica y la ambición voraz de los bancos, así nos luce el pelo. Y sería generalizar, y por eso no me atrevo a incluir la actitud y la aptitud del españolito medio en su trabajo.
Me he quedado a cuadros cuando me he enterado que… Uep, hace tiempo que tengo claro que no tengo que escribir de según que cosas. Bueno, os cuento otra cosa.
Tuve un pequeño accidente el martes en la piscina. Procuro ir todos los días y voy cumpliendo bastante bien. Hago cincuenta metros de crol, cincuenta de braza, cincuenta más de crol y cincuenta de doble espalda, que soy un negado para la espalda sencilla. Diez veces, unos dos kilómetros. Parando a hacer una respiración, sólo una, cada doscientos metros. Todo ello en unos cincuenta o cincuenta y cinco minutos, según el día. Si consiguiera pulir un poco la batida de piernas del croll y aprendiera a hacer el viraje, seguro que podría rozar los cuarenta y pocos.
Pues iba acabando la doble espalda de la segunda serie cuando me pego un cabezazo de escándalo. Tanto que los dientes de arriba se golpean con los de abajo y me noto algo duro en la boca. Un trozo de paleta, tan pequeño, que el único que lo nota soy yo, porque la lengua se me va para allá cada dos por tres. Desde el lunes faltaban las banderolas que indican que se acaba la piscina, me despisté y pasó lo que pasó. Le pregunté a la socorrista y me dijo que es que se había roto la banderola.
¿Y no hay narices de arreglarlo? Que hoy tampoco estaba y no veas que respeto me imponían los últimos metros del doble espalda…