El Putatriat y las mujeres (XI): Sixteen and…
La verdad, sonaba más a sixty, aunque la chica se esfuerza y además tiene algo más allá de una preciosa melena azabache negra que hace que se lo pueda perdonar semana tras semana. Me despierta mucha curiosidad la criaturica. Pero tampoco estaba dispuesto a soltarle diez mil pelas de las antes así como así, menos por cuatro yogures, cuatro bricks de leche, un bote de Nescafé y un frasco de masaje, casi una gilicompra en toda regla. Es que las cajeras del SYP siempre me atienden en inglés. Al menos de mayo a octubre.
Que si porque no hablo, que si porque soy alto, que si llevan ya demasiada clientela extranjera y no se fijan… Según el día, me da por seguirles el rollo, que vocalizar mal es muy útil para sonar a guiri, hasta que les enseño el DNI junto a la tarjeta de crédito y se quedan algo descolocadas. Otros días les digo que no soy extranjero en un tono más o menos paternal. Y otros, como hoy, me da por resoplar y quejarme. Pero no demasiado. No, nada. Cuando hago la compra sé que ya sólo me queda volver a casa, así que mi humor no suele ser demasiado malo.
Ah, la cajera que me atendió ya tiene pareja y no soy yo, maldita sea, pero si eres habitual de este chiringuito, habrás intuido que hay muchas mujeres que me atraen, pero que ahí se queda la cosa. Algo que me parece normal y que a veces creo que soy el único que piensa así. Que a estas horas mi principal preocupación es decidirme a poner una lavadora con ropa de manga larga, que mañana llegaré al piso a las tantas y ya va haciendo algo de rasca.
Hace un tiempo, ya sabría quien sería el primero en comentar esta entrada






