No fue la última
Despistado como voy todo el santo día, estaba convencido que el feliz enlace de ayer sería el último. Ya no nos quedaba nadie más, creía este iluso escribiente. Cuando en un momento dado vi a Óscar y a Rosi y pensé, maldita sea, esto aún no se ha acabado. Sólo espero que no se les ocurra casarse en verano. Tened un poco de piedad con los invitados.
Sonarían los clarines en alguna plaza, y con puntualidad suiza llegó la novia. Ceremonia rápida, pero no lo suficiente. Nunca son lo suficientemente cortas. Se me hacen eternos los discursos del párroco, y en esta boda no podía escaparme al chiringuito más cercano a empezar a beber. Brillante apunte de Jos. Normal que la gente no pise la iglesia. A ver quién es el guapo que aguanta esas parrafadas día si y día también.
Conseguimos escabullirnos del paseo en autobús descubierto, bajo el solarín de justicia que caía en Alcudia. Vermouth donde el Michh y a las ocho al Palace de Muro. Aberración urbanística, pero con mucha clase. La comida, la bebida y el servicio, excelente, aunque haya quién hoy casi se le escapa la vida por el ano. Hay que vigilar esos estómagos débiles.
Después, sé que me entregué a eso de las cuatro de la mañana, una media hora después que a alguien se le ocurriera poner reguetón. Es lo que tiene. Apenas recuerdo la indignación ante la falta de subasta de la corbata del novio, a mi vecinita, que más que bailar estaba corriendo el maratón de Nueva York, a los cuñados del novio, formalitos como si no estuvieran en Ibiza y a alguna invitada tremenda, tremenda invitada, que el promedio de jamelgas por comensal fue de los más altos que recuerdo en eventos similares. Lástima que no haya ninguna mujer normal. Nchts.
Y Nestea en la barra libre. Eso no se ve todos los días, oiga.
Juan y Mari Cruz, enhorabuena. Una pena que se nos olvidara haber llevado los garbanzos.



