Guía de supervivencia para gambiteros (I)
Hoy soy algo más persona que ayer. No mejor, que es más complicado, pero si lo suficiente para contar lo que se puede contar de la despedida de soltero del señor Juan Trujillo, que se nos casa el próximo 7 de julio, a las cinco, hora torera. Si para superar el jet lag se necesita una hora por día, no quiero ni pensar en lo que necesitaré para recuperarme de empalmar dos días sin dormir. Ya había vivido algo así cuando hacía la mili. Me tocó una vez que estaba de permiso y trabajaba por la noche. Vino de visita el coronel o el general y tuve que subir al pico por la mañana. A formar cuando llegara, darle la mano, pegarme una comilona y volver a casita. Salí vivo de aquella, así que estaba tranquilo. Si algo acababa conmigo este fin de semana, no sería el cansancio.
Según nuestra experiencia, iré escribiendo algunos consejos para que si alguno quiere ir por allí en un plan parecido al nuestro, se ahorre unos euros. Así también quedará constancia por si alguna vez se nos ocurre repetirlo. Que será que no.
Partimos nueve valientes rumbo a Ibiza en un avión de hélice de Iberia, que era lo que había. Se movía una barbaridad y hacía un calor infernal a eso de las cuatro de la tarde. Aunque daban bebidas, frutos secos (Mal asunto para el novio, alérgico, y motivo de regocijo para el resto del grupo, algo cabrones, pa que negarlo) y toallitas refrescantes. Otras compañías dan amablemente la carta en sus vuelos regulares.
Primer consejo para gambiteros, en este caso los que vayan desde Mallorca. El barco sale más barato. El rápido de Balearia, que imagino será como que el va de Alcúdia a Ciutadella, que está muy bien, te deja en el mismo centro, con lo que además te ahorras los 1,35 € que cuesta el autobús.
Tras la primera toma de contacto, nos dirigimos al hotel. En un plan como el nuestro, en el que no estaba previsto irse a dormir, nos limitamos a alquilar un apartamento para tres. No tuvimos ningún problema para entrar y salir, y hasta algún mal compañero se dió un chapuzón en la piscina mientras otros esperábamos en la calle. Cabrones.
Segundo consejo gambitero. Si no te preocupa demasiado dormir, no te gastes el dinero en el hotel. Con una habitación donde dejar los trastos y darse una ducha rápida si es necesario, vas listo. Siempre que sea llegar un día e irse el siguiente.
Una vez habiendo dejado las mochilas a buen recaudo, vino la primera vuelta de reconocimiento, que se alargó hasta la cena. Por todos lados vimos carteles anunciando la venta anticipada de entradas a las discotecas y camareros que casi te ruegan que comas en su restaurante. Resulta que te puedes poner a regatear como si estuvieras alquilando un camello en Túnez. En el restaurante nos regalaron dos botellas de vino, dos jarras de sangría por la cara y entradas para Diva, una discoteca que había abierto hace poco. No eran gran cosa, claro, pero menos da una piedra. La cena no salió excesivamente cara, pero hay que ir con ojo. La competencia tremenda entre los restaurantes no viene acompañada de precios baratos. Y lo mismo para los bares. Cuidadín. Bolsas de patatillas a 3 euros, entre otras lindezas.
Tercer consejo gambitero. Acostúmbrate a mirar los precios antes de pedir nada. Sino, te puede ocurrir que tengas que pagar un zumo de naranja a 6 euros. Tela.
Mañana, la segunda parte. El señor Soso va a Privilege. Aquí abajo, detrás de la pamela, había una bellísima señorita que estaba tomando algo por el puerto de Ibiza.


