Pero cada vez que abres la boca le suben un duro al pan y viene a mi mente la palabra negociar. Pero no vistes lo suficientemente sobria y uno ya tiene una edad. Pero eres una bomba de relojería, cabecita loca, y estallarás delante de mis narices cuando menos me lo espere. Pero no aguanto a tu familia y no te pediré que la cambies. Pero aún no es el momento y quizás nunca lo sea. Pero con la AFC (Absoluta Falta de Chispa) que tenemos no iríamos a ningún lado. Pero no me meto en batallas que no puedo ganar, que ya no me hace ni puta gracia salir escaldado. Pero no estaríamos en situación de equilibrio y ahí, ahí, sacaría lo peor de mi mismo. Pero sólo me pones berraco y en esas ocasiones detesto ser tan paradito, por más convencido que esté de que es lo mejor que puedo hacer si no lo estoy. ¿El qué? Convencido.
Y claro, no me gustas tanto como para complicarme la vida. A fin de cuentas, evito darle a la palabra gustar el valor absoluto que le da la mayoría de la gente, y me sirve igual para expresar mi admiración por un buen café, por un riff del Tito Clapton o por una sesión gansa de Okami. No se me ocurrirá utilizarla para otras cosas más trascendentes.
Pensaba en voz alta. En nadie en particular. Tampoco te lo iba a decir si no fuera así.
Aforismo.