Nochebuena austera
Cinco días fuera, más dos de traslados, eran algo más que bastantes para un culo acomodado como el mío. Pero hay veces en que la actitud hace mucho, no siempre, que por ahí no voy a pasar, y me inspiré en el plan de entrenamiento del Fullet Tortuga. Entrenar andar mucho, comer mucho y dormir mucho.
Y beber mucho. Quizás poco para otros, pero a mi tres cervezas me dejan ya medio tonto. Si son tercios, acompañados de tapas varias, maravilloso el chanquete, y remato con cuatro chupitos de Jäger, acabo tonto entero. Con el bar cerrado, a eso de las cinco de la tarde y saliendo por la puerta de atrás, se avecinaba la nochebuena más austera de mis treinta y dos años. Apenas un plato de sopa, dos langostinos y un puñado de almejas. A las once y media ya estaba acostado, mandando los SMS de rigor.
Mañana será otra historia. Seguro.

