Cuac, cuac, cuac
Se debe partir el patito de goma, número 393, desde su posición privilegiada encima del televisor, cuando me ve la cara de pardillo que se me queda antes de jurar en arameo tras fallar una y otra vez, miserablemente, putts de 7 u 8 metros en el maldito Western Valley CC invertido. Que me tiene histérico el puto campo.
Estoy sopesando tomarme unos días de descanso con el juego. Más que nada porque estoy medio enganchado al We Love Katamari, que estuve probando ayer. He visto cosas raras, si, pero esto lo supera. ¿El simulador de escarabajo pelotero?
Porque el juego consiste en ir empujando un katamari, que es una bola a la que se va adhiriendo todo lo que se ponga por delante, con la única limitación que el objeto, animal, cosa, persona, edificio, lo que sea, vamos, no sea mayor que el tamaño del katamari. Según se vaya expandiendo la bola, se pueden pegar elementos más grandes. Se marcan los objetivos, en plan limpiar la habitación del crío, hacer un origami con las flores de un jardín, limpiar un lago, etc, que normalmente consisten en hacer que el katamari alcance un tamaño determinado en el tiempo que nos dan. Y ya está. Gráficos naïf, música hipnótica y carisma a toneladas. ¿Cómo no va a ser carismático un Rey del Cosmos que destruye todas las estrellas durante una borrachera? Pásate por la página del juego, que te quedarás medio pillado. El enlace lo tienes arriba. Y en la imagen.
No iba de esto la entrada. Pero como que da igual.


