Por lo menos Gran Turismo 7
Me dio ayer, antes de ayer, antes antes de ayer, por fijarme en el tráfico. Supongo que aún le estoy dando vueltas al accidente del otro día, que por veinte o treinta minutos no presencié en directo. Que yo seré el lento y nos reíremos todos mucho cuando el gracioso de turno nos lo recuerde, pero que quieres que te diga. Prefiero que me mate un capullo con prisa a yo llevarme a alguien por delante por ganar dos minutos.
Salía del trabajo y como el que no quiere la cosa empecé a ver como está el patio. Que está mal, si me lo preguntas. Ya el otro día me mosqueé con el cretino que me adelantó por la derecha, pero hoy, vamos, tela marinera. El primero, señor taxista que sin cinturón, con el telófono móvil pegado al oído y, licencia literaria, habano en la boca, se me salta alegremente el ceda el paso que me da preferencia en la rotonda. El segundo, émulo de Nikki Lauda (Agárrate fuerte), adelantando sin mirar si hay o no otro vehículo por ese carril. Y el tercero y último, dos niños que cruzan tranquilamente la carretera, en ese paso de cebra con semáforo en verde. Verde para los que circulan, no para los peatones. Freno y me los quedo mirando. Creo que si me hubiera bajado esos dos cafres hubieran intentado currarme, porque esa pose chulesca con la que me obsequiaron no era para menos. El futuro de España. La madre que los parió.
Entre eso, puto panorama de piraos al volante, y dice el Guillelmo de Gomaespuma que un país es como conduce su gente, el piso que nunca se acaba, con lo que no se acaba el exilio, y el gallinero, donde se me está quedando una carita de gilipollas que no me aguanto, me están dando unas ganas de aprender islandés que…
Si mateix… Aforismo. ¿Os he contado alguna vez que la primavera me pone de muy mala hostia?


