Se le acerca. Mucho. Me lo contaba Jose ayer, en la barra del Temple. Pistachos, pelotazos, fútbol en la tele y recién masajeado por una camarera que se atreve a ponerme las copas que le da la gana, aunque quién haya ganado el duelo y haya mantenido firme la mirada y el no quiero alcohol sea servidor de ustedes. Y a ninguno se nos va a ocurrir rechistar. Y si nos pide un benjamín, se lo pagamos. Es más, hasta todas las botellas de Cristal que nos pida.
Gran garito, si señor. Es que además, los pistachos son ricos en fibra. Viendo el desastre en que se ha convertido mi alimentación durante el exilio, no es que haya tenido nada más grave que un par de días cagando piedras, pero vamos, razón de más para ir de tanto en cuanto. Y que no ponen el puto ragatón, oiga.