Que poco cuestan algunas cosas
Felicidad entendida como paz y serenidad, no como euforia, no como diversión, no, es otra cosa. Es la horita para mi solo, el domingo pasado, aprovechando el solecito en la San Remo, tomando un Eis Kaffe y leyendo el diario. Hoy, sepia a la plancha, cañita y sol. Apenas media hora, pero un rato gratificante como pocos en la vida del Putatriat.
¡Cuanto necesito la calma! Mi calma, elegida, nunca impuesta. Mis cincuenta pulsaciones en reposo. Que apenas estaremos aquí cuatro días y que cada uno disfrute como le de la real gana. He dicho.


29 Marzo 2006 at 4:50 pm
Es que vas provocando con estos posts, te recuerdo que Jadchaos esá al tras los matorrales y a la minima saltará sobre tí… Con respecto a tu forma de vida, simplemente hay que respetarla. Aunque te recuerdo, como amante de lo culinario, que todo guiso o receta que se precie, necesita de especies que le den “vida” y contrastes… Una vida, por muy apacible que sea necesita de esos puntos de pimienta para enriquecerla, aunque eso sí… tu elijes el punto.
30 Marzo 2006 at 8:41 am
Buino, piensa que quién escribe ahora mismo está sin casa y hace jornadas de trabajo de ocho a nueve. Que es alguien que ya no recuerda lo que es no tener que madrugar un domingo.
Y sip, me encanta la pimienta. No concibo plato que no la lleve.