Los fontaneros de mi empresa, especie particularmente lasciva, estaban siendo machacados por las dos que andan por aquí arriba. Y como que estaban recibiendo una paliza dialéctica, me he visto obligado a intervenir y a pronunciar el Discurso. Si, en mayúsculas. La parrafada con la que he hecho callar a más de una. El arma definitiva contra una mentira que ya dura demasiado. Lo suyo hubiera sido repartir algo de pienso como en los viejos tiempos, pero era necesario parar el asunto en seco.
¿Cómo queréis que esté tranquilo? Quiera o no, me voy a pasar cuarenta, cincuenta o sesenta años, todos los días, segregando fluidos reproductivos. Que después serán más o mes eficaces, pero eso ya es otro tema a tratar. Así que lo más normal del mundo es que los machos de la especie andemos con andamos. Como el coche que me gusta, con dos motores. Uno para lo que nos interesa y otro para apoyarlo si es necesario. Somos producto de seis o siete millones de años de evolución, así que no, no es lujuria (Los fontaneros son un caso aparte, ojo), es que estamos diseñados para eso. Para espacir ADN y despreocuparnos. Hoy hemos fecudando, pero mañana nuestra fábrica seguirá produciendo más carga genética que repartir.
Otra cosa son las mujeres. Ovulan una vez al mes. Es decir, estan receptivas doce veces al año. Por lo tanto, si en algún momento que no corresponda a este estado lógico y natural deciden tener relaciones, no nos engañemos. Ni necesidades, ni darse un homenaje, ni huevos en salmuera. Es puro vicio.
Pues ya lo sabes. Hasta ahora, compañero del género masculino, te han mentido miserablemente. Ellas son las salidas. No te quepa duda.