El Putatriat y las mujeres (V): De blanco espléndido

Podría pasar por un mago blanco de cualquier Final Fantasy o un rapero, pero hace unos meses decidí que si quería ir a correr en invierno con un poco de continuidad, tendría que equiparme. Ya una vez comprobé la importancia del calzado, ante unas Nike Air chungas que convirtieron las plantas de mis pies en dos inmensas ampollas del 43. El caso es que compré una sudadera con capucha de color blanca, que da el cante. Más que nada porque se supone que no es mi estilo. Pues bien, hoy se me ha manchado de sangre.

Empecé a donar sangre porque hace mil años necesitaba urgemente encontrar algo en común con cierta mujercita. Los primeros cinco minutos fueron perfectos. Una estrategia infalible. Llegué y estaba allí, en el médico, haciéndose la prueba del hierro. Se quedó perpleja y me sonrió. Perfecto, pensé. Si no fuera porque tenía la costumbre de comer como un pajarito y no pasó la prueba, así que para cuando salí, ya no estaba. Eso sí, no se me ocurre un sitio mejor donde ver el atardecer en agosto que en el patio de ca ses monges.

Le cogí el gustillo a soltar medio litro de sangre cada tres meses. Y a verme rodeado de mujeres de blanco, que me pinchaban con todo el encanto que puede tener una mujer al disponerse a extraerte una bolsita de sangre. Como la que ha tocado en suerte hoy, una pelirroja de ojos castaños que mañana tiene que ir a comprar nosequé en nosedonde con su madre. Los móviles han dado un golpe casi mortal a la intimidad, no te quepa duda. El caso es que una vez finalizada la extracción, me seguía saliendo sangre. Quizás la tuviera poco espesa hoy, quizás fuera un acto reflejo para no alejarme demasiado de la zona de las enfermeras. Pero me ha despachado a por el zumo de melocotón y el donut, ordenándome volver después. Y haciendo movimientos para ver si sangraba o no, dos gotitas han salpicado el jersey. Se ha quedado con cara de buena la hemos hecho y yo me he ido moviendo el dedo y diciendo eso de mal, mal.

Me ha dado tiempo de limpiar la manga, pero no se me ha ocurrido sacarle un foto a la enfermera hasta que he llegado a casa. Así que pondré una de mis sabañones. Que hay que joderse, antes de cumplir los treinta jamás tuve nada parecido. Y ahora ya van dos años seguidos…

Sabañones de mi mano derecha

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4 Comentarios en “El Putatriat y las mujeres (V): De blanco espléndido

  1. jadchaos dice:

    Te recomiendo una peli, virgen a los 40, de camino vas

  2. Putatriat dice:

    Me pueden cortar las manos, que mientras me queden los muñones para meneármela, tan tranquilo.

    Gracias por preocuparte por mi actividad sexual. Te cedo enterita mi parte de normalidad reproductiva :P

  3. pontiac dice:

    esta la cosa calentita……

  4. [...] es nuevo. Ya lo conté allá por el 2005. Sí, en el 2005. Los dedos de las manos y los pies se me quedan helados al aparecer en el [...]

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