Archivados en Diciembre 2005


Pim, pam, pum, bocadillo de atún

Ya está hecho. Pasé este año de transición, de recuperarme del 2004 y de centrarme un poco, que iba muy desbaratado. Porque los nervios de la reforma, igual que la sarna con gusto, no son demasiado molestos. Ya le he comunicado a mi casera que me voy el 31 de enero, así que ya puedo empezar a meter presión psicológica al albañil. Humillarme pidiendo clemencia, más bien.

Y mira que puñetera virguería me estoy bajando. Mola, si, no te puedes hacer una idea de cuanto mola el Dr. Slump.

Si, eso. Molts d’anys!

Dr. Slump

Mazinger Z en la Gran Vía

Imagen que ya ha salido en muchos sitios. Donde Kirai, donde Escolar, pero como que no me resisto a ponerlo. Menudo puntazo. En este foro apareció la imagen y aquí puedes encontrar la imagen a tamaño real.

Mazinger en la Gran Vía

Cosas que hacer en Granada

No me ha costado demasiado recuperar el ritmo. A los dos días de volver ya he puesto lavadoras, he tendido lavadoras, he preparado comida, se me ha parado el termo en plena ducha y hasta he trabajado un poco. Eso si, los cuatro días que he estado fuera, me he olvidado de todo, que no de todos. Ni de todas, claro.

Iba temeroso de lo que podría encontrarme en esos mundos de Diox. Este es un viaje que supongo se irá repitiendo cada año y había que tantear el terreno. Terreno urbanizado de forma salvaje. Cemento, hormigón y bloques por todos lados. Cuatro o cinco pueblos pegados entre si y a la capital. Sabes que estás en uno o en otro porque lo ponen los carteles. Con decirte que había andamios de una obra apoyados en el edificio de al lado… Menos mal que el piso de mis padres conservará las vistas a la ciudad, sin nada delante, porque juraría que por las noches oía a algún vecino aullar de dolor por la pérdida de las vistas a la sierra. Cosas de dejar edificar el 100% del terreno. Si, el 100%. Un desastre al que me contaron que ya habían puesto freno vía intervención del Estado.

Excursiones, unas cuantas. Al pantano, a la sierra (Señores, puede ser un sitio muuuy interesante si nos planteamos ir a esquiar), a Granada, a desayunar churros y al Corte Inglés. Y a Cortefiel. Estará contento Tomeu, el director de mi banco. Mi visa lleva ya dos meses echando humo. Pocos viajes, cortos o largos, en los que no acabe visitando algún centro comercial.

Y si, es cierto. Mejor no pensar demasiado en ello, porque desde un punto de vista comercial no parece que pueda ser cierto. Ayer mi cuñado debió estar dándole mil vueltas al tema antes de dormir. Porque una cerveza, una tapa consistente en medio panecillo, una tortillita francesa y un trozo de lomo. Otra caña, un perrito, riquísimo, un sabor que tengo grabado en el subconsciente, de cuando era crío e iba más a menudo por allí. Otra cerveza, una hamburguesa. Y las cervezas a 1,20 o 1,50. No salen las cuentas. En los dos bares a los que me llevaron, con su pertinente carta de tapas gratuitas. Me quedó ir al sitio donde las tapas son porciones de pizzas y al barrio donde hay un bar, otro bar, otro más… Testimonio gráfico aquí abajo.

Tapa de tortilla y lomo

Perrito

Hamburguesa

Gasté toda mi suerte el miércoles

Ni el 52139, ni el 23514, ni el 50592, ni el 67736, ni el 74300, ni el 27758, ni el 13816, ni el 01778, ni el 38509. Tras cantar el especial del bingo de navidad de Ca’s Capellà el miércoles antes de irme (38 euros y una botella de cava que se ha tirado debajo del asiento de mi coche estos días), sospechaba que la suerte me iba a ser esquiva en la lotería de navidad. Unos cien euros al garete. Una tercera parte de lo que probablemente sea mi capricho para reyes.

Mañana habrá un pequeño resumen de mi viaje a Granada. Si, la leyenda es cierta. Las tapas son gratis.

Me voy a la península

El jueves cojo el avión a eso de las once destino Granada, a pasar un par de días por allí, hasta el lunes que a la hora de la merienda ya estaré de vuelta. Ya he dado las pertinentes instrucciones: Ni visitas, ni pollas en vinagre. Voy a despejarme un poco y casi mejor me iría a La Toja, pero eso lo dejo para otra ocasión.

Así que nada, en un par de días no habrá idioteces por aquí. Espero que los ligeros y sospechos síntomas gripales que padezco no vayan mucho más allá de mi hipocondría.

Divertíos porque os lo pida el cuerpo, no porque lo mande el calendario. ¿Navidad? ¡Naviletxes!

Usos de un rotulador

Quiero pensar que es de cachondeo, que no es cierto. Porque vamos, es la puñetera juerga padre, es el foro del que habrÍa que ser habitual. Me lo ha pasado Suki_ esta mañana. Durante un rato o bien estaba saturado o bien habÍa sufrido algún tipo de censura, pero ya te digo, es una partida de culo.

Una mujer y un rotulador permanente. Aquí.

Excusatio non petita… (Aforismo)

(Olvidado)

Enga, toca comunicado oficial del señor soso. Creo que me será más fácil colgarlo aquí y remitir hacia esta página a quién me pregunte al respecto que contar la batallita una y otra vez. De paso aumento las visitas.

Creo que la última cena de empresa que mereció la pena fue allá por el 2000. La famosa noche del vista al frente, la noche en que lloré de risa. Tampoco hay que olvidar la del 2001, el año de la famosa encerrona en el Lovento. A partir de aquella noche, el jefe pide siempre menús xD

Desde entonces, como que no. No es la gente, es servidor de ustedes. Si, tengo mis cosas. Y los que me conocen ya lo saben. También saben que si estoy muertecito de asco, no me importa mostrarlo. Si estoy frío estoy frío y si tengo algo en que pensar, le doy las vueltas que le tengo que dar. ¿Que tengo que estar hablador, simpático y tal y cual porque lo manda el calendario? Lo siento. Esos están un poquito más a la izquierda, con el efecto velcro y Juanito cayéndose por la alcantarilla. Aquí está el que le trae al fresco muchas cosas. Demasiadas, seguramente. Quizás debería intentar que no me resultara todo tan indiferente, pero no se… En navidad, Jerusalen. Y en navidad, hostias también.

Eso si, tenía que pegarme la marcha de nochebuena, donde estaré perdido por esos mundos de Diox. Y por una vez, me la pegué. Aunque pensando que llevaba encima seis horas de sueño y todo un día picando paredes y llevándome disgustos, como que no está mal. Dejaré para otro artículo la odisea de la vuelta a Ca’n Picafort.

Y coño, que alegría comprobar que me queda algo de olfato. Paso a paso. No la cagueis, por favor.

El Putatriat y las mujeres (V): De blanco espléndido

Podría pasar por un mago blanco de cualquier Final Fantasy o un rapero, pero hace unos meses decidí que si quería ir a correr en invierno con un poco de continuidad, tendría que equiparme. Ya una vez comprobé la importancia del calzado, ante unas Nike Air chungas que convirtieron las plantas de mis pies en dos inmensas ampollas del 43. El caso es que compré una sudadera con capucha de color blanca, que da el cante. Más que nada porque se supone que no es mi estilo. Pues bien, hoy se me ha manchado de sangre.

Empecé a donar sangre porque hace mil años necesitaba urgemente encontrar algo en común con cierta mujercita. Los primeros cinco minutos fueron perfectos. Una estrategia infalible. Llegué y estaba allí, en el médico, haciéndose la prueba del hierro. Se quedó perpleja y me sonrió. Perfecto, pensé. Si no fuera porque tenía la costumbre de comer como un pajarito y no pasó la prueba, así que para cuando salí, ya no estaba. Eso sí, no se me ocurre un sitio mejor donde ver el atardecer en agosto que en el patio de ca ses monges.

Le cogí el gustillo a soltar medio litro de sangre cada tres meses. Y a verme rodeado de mujeres de blanco, que me pinchaban con todo el encanto que puede tener una mujer al disponerse a extraerte una bolsita de sangre. Como la que ha tocado en suerte hoy, una pelirroja de ojos castaños que mañana tiene que ir a comprar nosequé en nosedonde con su madre. Los móviles han dado un golpe casi mortal a la intimidad, no te quepa duda. El caso es que una vez finalizada la extracción, me seguía saliendo sangre. Quizás la tuviera poco espesa hoy, quizás fuera un acto reflejo para no alejarme demasiado de la zona de las enfermeras. Pero me ha despachado a por el zumo de melocotón y el donut, ordenándome volver después. Y haciendo movimientos para ver si sangraba o no, dos gotitas han salpicado el jersey. Se ha quedado con cara de buena la hemos hecho y yo me he ido moviendo el dedo y diciendo eso de mal, mal.

Me ha dado tiempo de limpiar la manga, pero no se me ha ocurrido sacarle un foto a la enfermera hasta que he llegado a casa. Así que pondré una de mis sabañones. Que hay que joderse, antes de cumplir los treinta jamás tuve nada parecido. Y ahora ya van dos años seguidos…

Sabañones de mi mano derecha