Estado de la reforma (III)
Ya vuelve a correr alegremente el agua por el * * de la avenida Diagonal de Ca’n Picafort. El miércoles, mientras el Madrid se pegaba con el Olympique, tenía al oficial y al peón trabajando. Y la una de la mañana nos dio.

Una vez listas las tuberías, había que taparlas e igualar el suelo de la habitación para poder embaldosarlo de forma provisional, en espera de que la vaca dé para el parquet. Asó llegó el sábado, y me encontré con 20 o 30 sacos de escombros. Ya no deben salir muchos más de los que generen las regatas para los tubos de la electricidad. Entre mi padre y yo colocamos cincuenta cajas universales (50 él y dos huecos para las cajas yo) para cuarenta metros de piso ¿Alguien da más?

Y hasta hubo cena el sábado. Pero mi cuerpo no está para demasiados excesos y en cuanto pude salí por patas. Con un par de comidas regadas con abudante alcohol y combinado con pocas horas de sueño, el Putatriat no estaba para fiestas. No se les puede dejar solos, según comenta la gente por ahí. Porque de entrada, tal vez no nos vuelvan a dejar entrar en la Casa Gallega, y de salida… Ya porque no estaba, pero vamos…
El alcohol es malo, el alcoho es malo. Los/as aludidos/as que lo repitan a modo de mantra durante los próximos tres días.

