Reconozco que la últimas entradas en esta bitácora son algo gruñonas. No, más bien muy gruñonas. Pero es que cada día que pasa, me quedo más perplejo ante el camino que está siguiendo el mundo, y más concretamente, el pais este en el que me retienen el 14% de la nómina cada mes. Eso será mientras encuentre un pais como Diox manda, que me quiero bajar de Quillolandia.
Me olía a chamusquina la forma en que Telecinco iba a sustituir el programa de mucha risa, y efectivamente, no podía salir nada bueno de ahí. Nunca estuve a favor del servicio militar obligatorio, pero conforme voy envejeciendo y veo a la panda de zopencos que nos tiene que pagar la pensión, creo que Aznar se equivocó. Porque vamos, hay que joderse, menuda tropa se presenta a los casting de Operación Triunfo. En vez de estar, literalmente, llamando a la abuela al pueblo para decirle que ha pasado de ronda o diciéndole al de al lado que tú te lo mereces o que la música es mi vida, más nos valdría que estuvieran cumpliendo con la patria. Eso ganarían nuestros oídos y nuestra vergüenza.
Siii… vuelve la fábrica de cantantes quillos, de Bisbol y Bustamonte, de la lágrima fácil y tonta, y de la vida de futbolista. Que entiendo a los que escuchan el frío no eres el perfil que buscamos y salen llorando o jurando en arameo, cosa que me ha sorprendido, porque no se puede ir con canciones de, es un decir, Rosendo, al pograma y esperar seguir adelante. También me jodería perder la oportunidad de dar un pelotazo y vivir del cuento muchos años. Eso lo entiendo, si. Que mira, igual el año que viene me presento cantando lo de Amigo mío, sólo tu encuentras leeeeña, por nosotros, si hace falta te despeeeeñas, tu nos unes, nos arropas, tu nos lleeeenas, de tortilla la tarteeeera… Quizás los ladrones me acojan en su seno y pueda decir que si no vendo no es porque mi música sea una porquería, si no porque tú, amigo lector, estás contribuyendo a la desaparición de la música mientras usas alegremente la mula, y el día menos pensado la Chenorra se tendrá que volver a cantar al casino…
Impagable el descojone del jurado ante los frikis de turno. El caso es que son mucho más graciosos los que se lo toman en serio. Aún tengo los pelos como escarpias de la impresión.