Un poco de luz en Quillolandia
Una vez más, cena de despedida. Tras casi mes y medio desde la última, el pasado sábado nos volvimos a reunir alrededor de una mesa para decir hasta luego a Xisca, que ahora disfruta y padece de la posesión de la vara de mando. Y menuda mesa, porque una vez que ya puedo hacer pública mi fatal atracción por la comida italiana, el siguiente paso es reconocer mi total desprecio a la frugalidad, que debe regir mi existencia, ante el Provolone, el Vitello Tonato, el Trio Pasta, lasaña, canelones y raviolis en un mismo plato, y la Panna Cotta. Todo con un buen servicio y un buen precio. Don Vito, en el Puerto de Alcudia. Que igual que no me tiembla el pulso a la hora de poner de vuelta y media a los sitios donde no me dan bien de comer, no dejo pasar tampoco la ocasión de recomendar los que si lo hacen.
Poco duré esa noche, a eso de las cuatro y media ya estaba en casita. Había ido a andar mis ocho y pico kilómetros de rigor por la tarde y estaba cansado. Es más, hoy aún estoy cansado. Será el tiempo. Además, hay que hacer algo. No puede ser que lo único que se escuche sea el chumba-chumba latino de los cojones. Imagina el momento. Sobre las dos y media, imposible moverse, reguetón para deleite de quillos y quillas, locales y foráneos. Habla el pincha y dice que va a poner un clásico, y que al que no le guste, es que no tiene cultura musical. Ay Diox, pienso, me va a poner al Bisbol o al King África… Pues no, señoras y señores, no me lo creo. Esos Dire Straits y ese Walk of Life… tiiiio… El mundo al revés. Que tendrían que haber puesto el Sultans of Swing de Alchemy, pero eso hubiera sido ya demasiado fuerte. Que a fin de cuentas, esto es Quillolandia.
Y contra el puto reguetón ese, el Back in Black a toda letxe y con las ventanillas del coche bajadas. Faltaría más. Hala, venga, las fotos, que es lo que estais esperando. Cómo no, todas las chicas, compañeras y ex-compañeras, guapísimas, y el nene, fortaleciendo su autocontrol. Que remedio









