¡Puños fuera!
Otra cosa no, pero no se puede negar el sentido del espectáculo que tiene el clero. Con la misma emoción de quien sigue las votaciones en el festival de Eurovisión, es decir, toda aunque el resultado me sea completamente indiferente, ya me tenías ayer, a eso de las seis y algo, pegadito a la radio, bueno, al ordenador, escuchando la retransmisión de los acontecimientos que tenían lugar en la plaza de San Pedro. Como no, escuchaba Gomaespuma, que quieras que no, ya le da algo más de gracia al tema, cuando el humo empieza a pasar del negro al blanco, repican las campanas y un señor de rojo, al rato, suelta la frasecita de marras: ¡Ratzingeeeeeeeeeeer Zeeeeeeeeeeeeeeeeeeet! (Acompáñese el grito con la música de Mazinger Z, preferiblemente la versión de Los Petersellers).
Para un no creyente como el que escribe esto, la elección de un señor como Ratzinger resulta poco comprensible. Ahora mismo, que a pesar del tirón mediático del difunto Wojtyla, las iglesias están más vacías que nunca, que el elegido sea un destacado involucionista, me parece todo un misterio. Porque con recetas de la edad media, no van a captar clientes nuevos. A no ser que el nuevo papa use sus poderes para acabar con los herejes.
Pero quedan demasiadas cuestiones sin aclarar en el asunto del Santo Padre forrado de aleación de Japanium ¿Son Zapatero y Fernández de la Vega el Barón Ashler? ¿El doctor Kabuto sería Bush, y los otros tres de las Azores los doctores Morimori, Sewashi y Nossori? ¿Y quién sería Afrodita A? ¿Y estos de aquí abajo? ¿Párrocos eufóricos o hinchas del Liverpool (Imagen del Diario de Mallorca de hoy)?


