Cajero sospechoso
Supongo, y espero, que no se trata del lazo libanés, ni nada que se le parezca, pero juraría que algo pasa con el cajero automático de la entidad financiera con la que trabajo habitualmente. Creo que me odia, y creo que se el porqué. El año pasado o el otro, no me acuerdo, abrieron una sucursal en Ca’n Picafort. Y ni cortos ni perezosos me mandaron una cartita diciéndome que me cambiaban de sucursal para estar más cerca de mi, atenderme mejor, y mil pamplinas más. Y ni corto, ni perezoso, me fui a mi oficina a ver que había pasado. No por nada, sino porque hace ya unos cuantos años que tengo cuenta ahí, conozco al personal, no me cobran comisiones y como está en el Puerto y yo trabajo en Alcúdia, me pilla más cerca. El mismo día ya estaban las cosas en su sitio y todos contentos.
O eso creía yo. Porque la tarjeta no me da ningún problema, pero con la libreta empiezan las cosas raras. La primera vez, la devoró, la escupió y ya me ves sacando un duplicado, ya que había quedado inservible. Pasaron los meses, y esta tarde me ha dado por salir a tomar el aire, acercarme al cajero y actualizar la cartilla. Que desde que una tarde de viernes de verano me apuntaron un reintegro en cajero por 2.000 pesetas, y vive Diox que no recuerdo haber ido a sacar el dinero, guardo todos los tickets y punteo los movimientos de la cartilla. Pues eso, que llego al banco, la introduzco, espero y me sale el siguiente mensaje: Anomalías en su libreta, pase por su oficina. Llega a ser vengativa la maquinita, sip.

