El Putatriat y las mujeres (I)
En una olla grande con bastante agua se van echando dos hojas de laurel, pimienta entera, pimienta molida y dos pastillas de caldo de pollo y que vaya haciéndose. Mientras, vas friendo en aceite pollo y conejo, y cuando haya cogido color lo echas a la olla, y añades guisantes. En la sarten sofries una cebolla grande bien picadita y cuando coja algo de color le agregas un tomate que has rayado mientras se hacía la cebolla. Lo dejas un poquito y a la olla. Un ratito más y le pones una taza de arroz por cabeza, pimientos rojos y alcachofas. Una pizca de azafran y un picadillo de ajo, perejil y el hígado del pollo y el conejo, que habías frito junto a la carne y habías retirado. Lo dejas un rato y cuando el corazón del arroz no esté duro, apagas el fuego y lo dejas reposar. Y listo. ¿Qué hemos aprendido? Que sabiendo lo que hay que hacer, que utilizando los medios necesarios y dándole su tiempo, obtenemos lo que queremos. En este caso, un arroz con pollo (Receta con licencia GPL xD) que está de muerte.
Esto no se puede aplicar a las mujeres. No hay Diox que las entienda y aunque no es cuestión que ahora mismo me afecte en persona, un par de casos recientes que han ocurrido a mi alrededor, hacen que de gracias a la madre naturaleza por bendecirme con un pulso firme y una imaginación calenturienta. Y una notable capacidad de abstracción, entendida como “estoy ido”, porque vamos, me repito del post anterior… ¡Estoy rodeado! ¡Piedad, piedad! ¡Arf! +_+U
Me lo dijo una amiga que hace nada ha tenido una cría (¡Felicidades Claudia!). Que lo que empieza bien, acaba bien. Bien jodido, seguro.
Para más información, visita la página del Núcleo Duro. Que por cierto, tengo que cambiar la dirección pero que ya. Volveré a hablar del tema, no os quepa duda.

