¡Tubería, tubería!
Anoche tuvimos la navideña cena de la empresa. Bastante sui generis, porque aunque no estaban todos, ni faltaba ni sobraba nadie
Además, por una vez no fui el primero en irme. Después de mi, sólo aguantaron los alcohólicos sin esperanza de recuperación. En estas fechas tan espirituales (Y espirituosas), os ruego una oración por la rehabilitación de sus hígados.
Hacía tiempo que no me daban las cinco de la mañana, y menos en el Àtoms. Está mal la cosa, sip. Desde que el DDBó dejó de ser lo que era, todo cuesta abajo. Cony, que ya no es que espere que me pongan a los Dire Straits, pero es que parece que no hay vida más allá de la puta pachanga latina, los triunfitos y la madre que los parió a todos juntos. Menos mal del ¡Tubería, tubería! y de las compañeras. Eso si, casadas, ennoviadas o coto privado de caza, pero todas desbordando encanto y puñetería. Que uno aunque callado, es débil.
Y menudo polvo en el restaurante. 35€ por cabeza. Que tampoco debería quejarme, porque ya sabía donde me metía, y el bacalao con allioli estaba bueno. Y la botellita del Jägemeister que nos dejaron en la mesa, todo un detallito.


