No es nuevo. Ya lo conté allá por el 2005. Sí, en el 2005. Los dedos de las manos y los pies se me quedan helados al aparecer en el calendario los meses de invierno. Que da lo mismo que tengamos un falso invierno, a modo del falso delantero ese que tan de moda se ha puesto, y que este año estemos a 20 grados día sí y día también. Antes de cumplir los treinta no me pasaba. Lo de los dedos de los pies sólo es un problema a la hora de acostarse y tiene fácil solución. Lo otro ya es más jodido, porque los dedos de las manos necesitan de cierta sensibilidad que se pierde al ponerse unos guantes.
El amigo invisible, que es un gran tipo porque me sigue en Twitter, me regaló unos guantes sin dedos que han ayudado a que en este momento pueda estar escribiendo sin llorar de dolor. Dan una cierta pinta de vagabundo, pero oiga, bien útiles que son. Además de los guantes, también me hizo volver a creer en la navidad. Aunque eso ya se me ha pasado.
Anoche en el foguerón que hacemos cada año en la finca de Juan, me hablaron de unos guantes que permiten usar las pantallas táctiles de móviles, tablets y similares. Y justamente hoy me llega un correo de Fab donde aparecen en las promociones de la semana. Problema, Fab no vende fuera de Estados Unidos. Estoy suscrito porque es una tienda que vende artículos de diseño y siempre suelen mostrar cosas bastante chulas.
Pero que no vendan a España no es nada que no se pueda arreglar comprando directamente al fabricante, Tatchies, que es sueco. Dicen que esta semana que entra me llegarán. Ah, si tweeteas la compra te ahorras los cuatro euros de los portes. Te permiten modificar el tweet, conservando el enlace a su página, así que no lo veo demasiado spammer. Se acabó el sacrificar calor corporal para tweetear en la calle en invierno. Un gran avance.
Llevo unas semanas trasteando con Instapaper, un servicio que te permite guardar con un simple click enlaces a páginas web para poder leerlas más tarde. Además, puedes crear una especie de directorios donde ordenar los enlaces a tu gusto. Todo esto puedes hacerlo con los marcadores de tu navegador, vale, pero hay más.
Una de las grandes ventajas de Instapaper es que además de copiar el enlace, te muestra el texto sin publicidad ni añadidos, tal como muestra esta captura de aquí abajo, facilitando muy mucho la lectura. Y ahí mismo tienes el enlace a la web original.
Si eres usuario de Iphone o Ipad tienes sus pertinentes aplicaciones, aunque tampoco hacen mucha falta, ya que la interfaz de su web es sencillísima y cualquier navegador, incluido el de un móvil, debería bastar para leer los contenidos guardados sin mayor complicación.
A mi lo que me ha acabado de convencer para utilizar este servicio ha sido que con un sólo click te puedes bajar el texto o los textos en varios formatos, entre ellos el epub y el mobi para Kindle. Un lujazo. El pantallazo siguiente es de la aplicación Kindle para Android, mostrando textos descargados de Instapaper.
En definitiva, que no puedo dejar de recomendaros que probéis Instapaper
Si no hace tantos años me hubieran contado que estaría en la sala de embarque de un aeropuerto escribiendo una entrada en mi página, utilizando un móvil con router wifi para acceder a la red y con el suministro eléctrico del portátil cortesía de AENA, habría pensado que eso sería el futuro. Y es el presente. Lo he dicho más de una vez. Estamos viviendo un revolución comparable a la industrial y casi no pensamos en ello.
Y como a mi tía, que me ha traído al aeropuerto, le gusta ser previsora, aquí estoy casi dos horas antes de la salida del vuelo, y casi mejor dar una vuelta por la red y aprovechar para escribir algo, que ponerme con Viajes, que es la revista que amenizará mi vuelo. Siempre me olvido de algo cuando tengo que volar, y esta vez fue la Amazings. Paciencia.
Aquí sigo, tras haber pasado las fiestas con parte de la familia en estas tierras extrañas, a cuarenta minutos de empezar a subir al avión, un Embraer 190, que según me han dicho mientras facturaba la maleta y me ofrecían pasillo o ventanilla, va hasta los topes y que si no hay novedad, y mejor que no la haya, me dejará en Mallorca pasados unos minutos de las siete.
Inauguro la flamante serie Cada día más tontos mientras en la tele están los mendrugos de Sálvame ganando dinerito fresco con su charla cancamusera. No se me ocurre mejor ocasión para ello. No estoy en mi casa, aclaro.
De la misma forma que en mi casa no se ve Telecinco, apenas se ve Antena 3. Los Simpsons, alguna vez, y gracias. Pero aquí es lo que ven, y hoy estaba viendo el informativo de las tres cuando de entre una anestesiante sucesión de noticias navideñas, dignas de ocupar los primeros puestos de cualquier clasificación de #raciofacts, sale una de lo más estremecedora. Reventa de muñecas.
Se ve que se han puesto de moda una muñecas llamadas Monster High y las niñas andan como locas detrás de ellas, hasta tal punto que decían que en la fábrica no dan abasto a fabricarlas y en las tiendas las venden racionadas. Salía un Toys ‘R’ Us, creo, donde repartían cincuenta tickets y cincuenta muñecas que vendían. Una por persona. Y había algún padre que cumpliendo con el tópico de la picaresca española, llegaba a un trato con un caballero que andaba por allí y este le compraba otra muñeca. Como colofón, y como si fuera el Bernabéu dos horas antes de un partido de Champions, se veía a algún sujeto sospechoso revendiendo muñecas.
Aún no me he visto en una así, que de momento mi sobrina se conforma con el paraguas de Dora la exploradora y a mí ya me va bien. No me ha costado demasiado encontrarlo, ha salido barato y ella estará encantada cuando abra el regalo. Todos ganamos.
Ah, ¿Le veis algún parecido a la calavera de las muñecas con la otra que sirve de logo para la página de la srta. Reagan?
Que ingrata es la gente. Políticos que dan sus mejores años por los demás y acaban siendo dilipendiados por algún trapicheo sin mayor importancia.
No sé si habrá sido accidental, pero hasta hace unas semanas en el paseo marítimo de Ca’n Picafort había una placa conmemorativa de la reforma del mismo. Ahora ya no está.
Hace exactamente dos años tuvimos conocimiento del anteproyecto de Ley Sinde. Gran parte de la ciudadanía señaló de inmediato su rechazo en las redes a través del #manifiesto por los derechos fundamentales en Internet. En estos 24 meses el debate social sobre esta iniciativa ha sido intenso y ha aglutinado a ciudadanos y organizaciones preocupados por la merma de derechos y libertades. Ahora, pocos días después de haber sido deslegitimado por las urnas, un gobierno moribundo pretende aprobar el reglamento que desarrolla esta ley en abierta connivencia con el gobierno entrante.
La Ley Sinde tendrá numerosos efectos indeseados: al introducir una fuerte inseguridad jurídica en la regulación de Internet, se dificulta gravemente la actividad de los emprendedores tecnológicos que el Partido Popular pretende que contribuyan a reactivar la economía. La redacción de la Ley Sinde señala claramente que se aplica a todos los servicios de la sociedad de la información; no deben confundirnos los mensajes que afirman que su única razón es la de cerrar webs de descargas. Nada es peor para el crecimiento de un mercado que la inseguridad de no saber si al día siguiente un negocio puede ser cerrado por la aplicación arbitraria de una norma en manos del gobierno de turno.
El panorama de la propiedad intelectual en nuestro país es atroz: la Embajada de los Estados Unidos ha impuesto la aprobación de la Ley Sinde, el canon digital a empresas y administraciones fue declarado ilegal por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea pero tras año y medio se sigue pagando, los antiguos dirigentes de la SGAE -siempre defendida por el Ministerio de Cultura- se hallan imputados en la Audiencia Nacional por el saqueo generalizado del dinero de los autores. Este panorama cuadra con el general: una corrupción política extendida y no censurada en las urnas, unida a la subordinación de la democracia a los intereses de unos pocos con nombres y apellidos a los que sin embargo se les llama “mercados”.
Sólo con inteligencia, diálogo y trabajo se pueden resolver los actuales retos de la propiedad intelectual y comenzar a construir una salida a la preocupante situación económica actual. Como el Tribunal Europeo de Justicia, entendemos que la tensión entre la propiedad intelectual y la libertad de empresa, el derecho a la privacidad y el derecho a recibir o emitir información ha de resolverse en favor de estos tres últimos derechos. Será la única manera de crear riqueza y de mantener las libertades que tanto ha costado conseguir.
Frente a la arbitrariedad, la defensa histórica de la ciudadanía ha consistido en asegurar la garantía de los derechos fundamentales sustrayéndolos de la política, esto es, de los poderes de la mayoría y del mercado: se trata de derechos inviolables, indisponibles e inalienables.